miércoles, junio 22, 2005

Tormento



"Pregunto: ¿puede amar a alguien quien se odie a sí mismo? ¿Puede estar de acuerdo con otro quien no lo está consigo? ¿Puede ser agradable para los demás quien para sí mismo sea insoportable y molesto? Creo que nadie responderá afirmativamente, si no es más loco que la misma Locura. Y si me excluyerais, nadie podría soportar a otro, de tal modo que cada cual se apestaría a sí mismo, de sí mismo sentiría asco y a sí mismo se odiaría. La naturaleza, que a menudo es más madrastra que madre, se complace en atormentar a los hombres, sobre todo a los poco avisados, inspirándoles el afán de despreciar lo suyo y admirar lo ajeno. Esto hace que todas las disposiciones, todos los primores y todas las gracias de la vida se malogren y perezcan. ¿De qué serviría la belleza, supremo don de los dioses inmortales, si se contaminara con la mancha de la melancolía? ¿De qué la juventud, si se corrompiera con la levadura de la tristeza senil? [...] Y no obstante, ¿qué gentileza, qué gracia, qué dignidad tendría lo que hicieras, si no estuvieras satisfecho de ti mismo? Quitad esa sal de la vida, y de inmediato el orador se enfriará en su acción, ningún músico emocionará con sus cadencias, el cómico será silbado en su representación, se reirán del poeta y de sus Musas, el pintor y su arte serán desdeñados, el médico con todas sus drogas se morirá de hambre."
Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura. XXII