martes, marzo 21, 2006

Indefensión


“Se le ocurrió ahora que lo que antes le parecía de todo punto imposible, a saber, que no había vivido su vida como la debería haber vivido, podía en fin de cuentas ser verdad. Se le ocurrió que sus tentativas casi imperceptible de bregar contra lo que la gente de alta posición social consideraba bueno (tentativas casi imperceptibles que había rechazado inmediatamente) hubieran podido ser genuinas y las otras falsas. Y que su carrera oficial, junto con su estilo de vida, su familia, sus intereses sociales y oficiales.... todo eso podía haber sido fraudulento. Trataba de defender todo ello ante su conciencia. Y de pronto se dio cuenta de la debilidad de lo que defendía. No había nada que defender.
“Pero si es así (se dijo), si salgo de la vida con la conciencia de haber destruido todo lo que me fue dado, y es imposible rectificarlo, ¿entonces qué?”. Se volvió de espaldas y empezó de nuevo a pasar revista a toda su vida. [...]Cada una de las palabras de ellos, cada uno de sus movimientos le confirmaron la horrible verdad que se le había revelado durante la noche. En esas palabras y en esos movimientos se vio a sí mismo, vio todo aquello para lo que había vivido, y vio claramente que no debería haber sido así, que todo ello había sido una enorme y horrible superchería que le había ocultado la vida y la muerte. La conciencia de ello multiplicó por diez sus dolores físicos. Gemía y se agitaba, y tiraba de su ropa, que parecía sofocarle y oprimirle. Y por eso los odiaba a todos.”
León Tolstoi, La muerte de Ivan Ilich, pág. 83-84

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Aquí empezamos
B7s

Filosofías

De placeres carnales el abuso,
de caricias y besos
goza y ama con toda tu alma, iluso;
agótate en excesos.
Y si evitas la sífilis, siguiendo
la sabia profilaxia
al llegar los cuarenta irás sintiendo
un principio de ataxia.
De la copa que guarda los olvidos
bebe el néctar que agota:
perderás el magín y los sentidos
con la última gota.
Trabaja sin cesar, batalla, suda,
vende vida por oro:
conseguirás una dispepsia aguda
mucho antes que un tesoro.
Y tendrás ¡oh placer! de la pesada
Digestión en el lance,
ante la vista ansiosa y fatigada,
las cifras de un balance.
Al arte sacrifícate: ¡combina,
pule, esculpe, extrema!
¡Lucha, y en la labor que te asesina,
-lienzo, bronce o poema-
pon tu esencia, tus nervios, tu alma toda!
¡Terrible empresa vana!
pues que tu obra no estará a la moda
de pasado mañana.
No: sé creyente, fiel, toma otro giro
y la razón prosterna
a los pies del absurdo: ¡compra un giro
contra la vida eterna!
Págalo con tus goces; la fe aviva;
ora, metida, impetra;
y al morir pensarás: ¿y si allá arriba
no me cubren la letra?


Mas si acaso el orgullo se resiste
a tanta abdicación,
si la fe ciega te parece triste,
confía en la razón.
Desprecia los placeres y, severo,
A la filosofía,
Loco por encontrar lo verdadero,
Consagra noche y día.
Compara religiones y sistemas
de la Biblia a Stuart Mill,
desde los escolásticos problemas
hasta lo más sutil
de Spencer y de Wundt, y consagrado
a sondear ese abismo
lograrás este hermoso resultado:
no creer ni en ti mismo.
No pienses en la paz desconocida.
Mira: al fin, lo mejor
en el tumulto inmenso de la vida
es la faz interior.
Deja el estudio y los placeres; deja
la estéril lucha vana
y, como Çakia-Muni lo aconseja,
húndete en el Nirvana.
Excita del vivir los desengaños
Y en tête-à-tête contigo,
como un yogui senil pasa los años
mirándote el ombligo.
De la vida del siglo ponte aparte;
del placer y el amigo
escoge para ti la mejor parte
y métete contigo.
Y cuando llegues en postrera hora
a la última morada,
sentirás una angustia matadora
de no haber hecho nada...

José Asunción Silva

7:45 a. m.  

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